Así habló Maturana

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Para Maturana, el superhombre de Nietzsche a lo que evoca es a hacerse responsable del mundo que se genera.

A la edad de 19 años, enfermo de tuberculosis e ingresado en el Sanatorio chileno de Putaendo, llegó un libro a las manos de Humberto Maturana. Este libro llevaba por título, Así habló Zaratustra. 

 
Entre sus páginas, que leía en secreto mientras se debatía entre la vida y la muerte, la metáfora de transformación del espíritu a la que Nietzsche llamó “camello, león y niño”, le resultó muy significativa, causando un gran impacto en el joven Humberto. 
 
En dicha obra publicada en 1885, Nietzsche nos habla de las tres fases que debe pasar todo individuo para superar los valores impuestos liberándose de las imposiciones sociales, una purificación espiritual a modo de travesía por el desierto, que según Nietzsche solo será capaz de superar el Superhombre.
 
El camello, como el animal de carga que es, representa al individuo que acepta la carga de un peso que lo deforma y que le impide moverse con libertad. Un animal sumiso y pasivo que sigue al rebaño, un espíritu portador de valores y normas que le han sido impuestas por el mero hecho de nacer, sometido por la autoridad y la moral. 
 
Este camello en su travesía deberá enfrentarse a la gran soledad del desierto, fuera del rebaño la conciencia del camello se despertará estimulando su proceso de autosuperación y dando lugar a la primera metamorfosis, el camello se convierte en león. 
 
El león rechaza los antiguos valores del camello, pero no es capaz de crear de nuevos, mediante el rechazo y la negación no alcanzamos la superación. Para ello requeriremos de una última transformación, el león deberá convertirse en niño, un espíritu libre de normas, de prejuicios y de impedimentos que no albergue ningún rastro ni de camello ni de león. 
 
Tras vencer al gran dragón, el “tú debes” contra el “yo quiero”, el león conquista su libertad dando lugar a la segunda metamorfosis, el león (animal) se convierte en niño (humano) y con ello deja atrás el desierto, dando fin a su travesía. Nietzsche coloca al niño como el estado superior a alcanzar, el niño es inocencia y olvido, un nuevo comienzo constante, un juego, el primer movimiento de una rueda que se mueve por sí misma. Nos da la mirada de la posibilidad de empezar todo desde cero y decir sí a ser quién queremos ser, alcanzando la mejor versión de nosotros mismos. 
 
Debemos atravesar el desierto para comprenderlo y es en esta travesía donde transformamos nuestro espíritu. 
 
Afortunadamente para todos, Maturana logró superar la tuberculosis poco después, gracias a la llegada de la estreptomicina, el primer antibiótico creado para combatirla. 
 
Años más tarde Maturana afirmaría, al hilo de lo demostrado a modo empírico por Nietzsche, que el lenguaje está basado en la autoconciencia y en el observar, con lo que el papel del lenguaje consistiría en sacar al individuo de la alineación dotándole de potencialidad creadora.