El problema de la convivencia en familia no radica simplemente en la dificultad para expresar con palabras o gestos las situaciones que cada miembro está sufriendo y que generan fricciones. Para mejorar la convivencia entre padres, hijos, abuelos y amigos (que son parte de la familia), se debe potenciar la escucha activa, un espacio donde cada integrante se respete al explicar lo que siente y necesita.
Para lograrlo, se proponen las siguientes pautas:
- Respetar: Cuando un miembro de la familia habla, todos los demás deben evitar interrumpir o molestar, ya sea de palabra o con gestos. También se debe evitar construir un pensamiento o una historia propia mientras la otra persona está explicando su situación.
- Escucha activa: Significa escuchar para comprender, no para responder. Es fundamental no identificar el desacuerdo con una agresión y prestar atención al lenguaje no verbal, ya que las emociones a veces se comunican a través de los gestos.
- Interpretar: Pide permiso para expresar lo que has interpretado de lo escuchado. Confirma si coincide o no con lo que la otra persona quería decir y utiliza siempre frases conciliadoras.
- Hacer preguntas: Formular preguntas como «¿Puedes explicarme mejor a qué te refieres?» o «¿Cómo llegaste a esa conclusión?» demuestra un interés real.
Pasos formalizados a partir de la conversación para alcanzar una convivencia armónica:
- Identificar las diferencias: Reconocer cuáles son las disparidades de opinión que surgen en el hogar, conocer cómo se genera el conflicto y cómo termina. ¿Se resuelve o se da un tiempo de reflexión al núcleo familiar?
- Evaluar el impacto: Clasificar los problemas de mayor a menor impacto, según los criterios pactados previamente por el grupo familiar.
- Establecer un espacio común: Crear una hora o día semanal (o diario) que sea accesible para todos los componentes de la familia.
- Desarrollar e integrar ideas: Implementar las propuestas impulsadas por los integrantes de la familia con el objetivo de fortalecer las relaciones entre sus miembros.
